Estrategia Empresarial

¿Y después qué? Planificando el post-Covid-19

17-04-2020

Jorge Cónsul

Director General GBO S.L.U

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La misión de CEDEC consiste en comprender al empresario, sus objetivos, deseos y necesidades. Una vez conocidos, investigamos qué situaciones, personas o circunstancias impiden al empresario alcanzarlos. Tras detectarlos, analizamos cómo “sortear” esos obstáculos, proponiendo los planes necesarios para iniciar el camino. Una vez consensuado el camino, acompañamos al empresario en el transcurso de esos planes; guiándolo en el camino trazado, ayudándole a sortear las nuevas dificultades que aparezcan, convirtiéndonos en su colaborador más próximo. Es una experiencia apasionante…

Llevamos un poco más de un mes y medio comentando y haciendo planes para prevenir los efectos del COVID19… pero ¿y después qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a afrontar la vuelta a la actividad? 

Es cierto que las urgencias derivadas del parón en la actividad han ocupado todos los esfuerzos y energías de los empresarios, centrados primero en proteger a su personal, luego en proteger sus procesos productivos o de prestación de servicios, en asegurarse que su tesorería sería capaz de  cubrir sus compromisos o en aplazar esos compromisos, gestionando el crédito con sus clientes, analizando las ayudas públicas e intentando beneficiarse de ellas; en resumen afrontando la avalancha de problemas o riesgos que les han venido encima.

Ahora ha llegado el momento de pensar en el después, en retomar la actividad y en cómo hacerlo.
En este documento les proponemos unos cuantos puntos de reflexión que deben formar parte del proceso de preparación del plan de superación de la crisis.

La preparación de este plan la proponemos en cinco fases distintas:

(1) revisión de los efectos de la crisis en cada empresa en concreto,

(2) análisis de los efectos previsibles de la crisis en el momento de retomar la actividad,

(3) plan de relanzamiento de la actividad,

(4) plan de financiación de los costes de retomar la actividad y

(5) planes de contingencia para las posibles distorsiones sobre el plan previsto.

En primer lugar cada empresario debe analizar en profundidad qué efectos han tenido en su empresa la crisis. No se trata únicamente de la propia paralización de la actividad; sino de los posibles problemas de suministro, los que hayan podido sufrir los clientes habituales, las circunstancias que han hecho posible (o imposible) el teletrabajo,… En resumen todo lo que haya podido ocurrir además del hecho de la parada obligatoria de actividad que haya supuesto un problema para el normal desarrollo de la actividad. 

Hay que establecer planes inmediatos para cubrir esos efectos. Quizás deberemos buscar proveedores alternativos, quizás habrá que contactar con nuestros clientes para ver cuáles son sus planes y en qué situación están, actuando en consecuencia; crear las condiciones para el teletrabajo… En resumen, todos los problemas que ha generado la crisis deben ser objeto de planes para superar sus efectos, si es posible, antes de retomar el trabajo. 

En el análisis de los efectos en el momento de retomar la actividad se deberán considerar las situaciones internas de la empresa, los planes de seguridad y de riesgos laborales que permitan garantizar la salud del personal, las posibles incidencias derivadas el punto anterior (problemas de suministros, dificultades de los clientes…), posibles dificultades en el desplazamiento del personal, las dificultades o imposibilidad de la realización de viajes (si ello es necesario), y en general, cualquier circunstancia o dificultad que pueda generar la situación de reinicio de actividades, no solo para la empresa propia sino también para nuestros clientes y proveedores, colaboradores,…

El plan de incorporación debe contener la planificación necesaria de en qué momentos o circunstancias se irán incorporando los colaboradores de la empresa y a qué ritmo, todo ello en función de las necesidades y de las conclusiones obtenidas de los dos puntos anteriores. Si la incorporación debe ser gradual, se deberá acordar con el personal o bien el consumo de vacaciones o bien proponer un ERTE parcial para que la incorporación de personal que no va a ser ocupado en tareas productivas no provoque sobrecostes insoportables.

El plan de financiación deberá tener en cuenta las conclusiones de los puntos anteriores y sus costes, calculando la facturación posible y su valor añadido, de forma que se garantice en todo caso la solvencia financiera y la capacidad de la empresa para abordar los compromisos de pago. El plan de financiación debe contemplar los posibles créditos a solicitar, los posibles aplazamientos de los compromisos de pago y, en general, todas las medidas que colaboren a asegurar la capacidad financiera de la empresa en todo momento a un coste asumible.
Finalmente, se deben establecer planes de contingencia, con lo que deberemos analizar que todas nuestras previsiones pueden fallar, y debemos estar preparados para actuar cuando esos planes fallan, adaptándonos en lo necesario a las posibles circunstancias que se presenten.

En definitiva, y en resumen, hay que ser muy ágil y prepararse para situaciones no previstas, tratando de tener siempre preparado un plan alternativo, y haciendo del análisis sistemático un ejercicio imprescindible en la fase de recuperación.

Este es un momento para prepararse intensamente a afrontar las situaciones que se presenten, con planificación y previsión. Les animamos a hacer estos ejercicios, que les ayudarán a ver sus empresas en un contexto completamente nuevo, en los que la anticipación es más importante que nunca. 

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